Viaje a Nueva York

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Si me llegáis a decir hace unos años que en Octubre de 2018 iba a pasar, en total, unas ocho horas en avión sin ningún ataque de ansiedad, no os hubiera creído, chiquis. Pero finalmente pasó: tuve la oportunidad de viajar a Nueva York y, para ser sinceros, no imaginaba que me fuera a gustar tanto.

Pensaba que me iba a parecer espectacular. Y desde luego lo es. Pero también imaginaba que no me iba a enamorar de la ciudad. Qué equivocada estaba. 

Durante el viaje Nueva York me demostró que es mucho más que rascacielos y grandes pantallas lumínicas. Y aunque hicimos el típico turisteo, es cierto que me encantó visitar los barrios de fuera de Manhattan. Ver el día a día en cada zona y, sobre todo, acudir a la cabalgata de Halloween (organizada más bien por colectivos vecinales) me hizo ver una cara de Nueva York, menos espectacular pero más personal. 

Durante nuestra visita hicimos el clásico recorrido: primero vimos la zona baja. Es la zona financiera de la ciudad. Fue un paseo tranquilo, que mi jetlag agradeció bastante.

Por la tarde fuimos a la zona donde se realizaría la cabalgata de Halloween. Sin duda, lo que más pude disfrutar. Ver las decoraciones de las casas y la gente disfrazada, así como el desfile en sí, me parecio mágico. No era un desfile espectacular. Era algo mucho más humilde, organizado por diferentes colectivos y cargado de crítica social.

Aunque no pudimos estar hasta tarde por el cansancio, disfrutamos bastante de la tarde. En esa zona, una visita obligada es… ¡el bloque de Friends! y ahí estaba yo, dispuesta a hacerme la foto.  Con mis pantalones con huesos porque una va preparada para dar un toque halloweenesco a su visita a la gran manzana.

Después de un día tan ajetreado, tocó descansar para recargar pilas. Al otro día nos tocó subir a Top of the Rock, dar un paseo por uptown y, finalmente, descansar en Central Park (sí, me comí un perrito tirada en el cesped porque una va a hacer inmersión cultural a tope (?)).

Una de las cosas que más ilusión me hizo fue nuestra visita al MoMA. Adoro visitar museos, pero MoMA es especial. En él está uno de mis cuadros favoritos y disfruté muchísimo de poder verlo. También había obras de Frida Kahlo o Renoir y, por supuesto, disfruté de verlas en persona. Coincidimos con una exposición de la obra de Charles White y me encantó. Para mí, una visita inolvidable. 

Para continuar con el día de los museos, disfrutamos del museo de historia natural, aunque no pudimos ver el T-Rex porque estaban restaurando algunas cosas de la sala. Eso sí, disfrutamos de ver otros dinos y como siempre, disfruté de ver los diferentes esqueletos de grandes mamíferos. ¡Una pasada de exposición!

Esa noche pudimos pasear por Times Square  y después tocó ir a casa a descansar, ya que al otro día pudimos hacer ruta por Harlem, Bronx, Queens y Brooklyn.  Creo que el barrio que más me gusto fue la zona del Bronx por la que estuvimos, aunque claro, es la más turística. La zona entre Harlem y Bronx también me gustó bastante. En general me encantó hacer la ruta. Si podéis, os recomiendo encarecidamente que hagáis el tour contrastes durante vuestra visita. Os hablan de la historia de los diferentes barrios y, aunque me hubiese gustado que explicaran algo más sobre Harlem (os recomiendo ver el docu de Netflix sobre Rap, porque explican bastante) me gustó saber un poquito más de esos distritos. Además, hicimos parada en la comisaría en la que se rodó Fuerte Apache y pude ver desde fuera un centro de menores, algo que me interesa bastante, ya que en mi trabajo fin de carrera hice una comparación de centros de menores por países y me sorprendió bastante el modelo de EEUU (bueno, más bien me decepcionó, pero sorprender no sorprende mucho). 

Pensándolo con tiempo, creo que hubo algo que me gustó de Nueva York y que aún no alcanzo a comprender del todo. Aunque me sentí pequeñita, también me sentí libre. Como si diese exactamente igual lo que hiciera. Sin tener que dar explicaciones a nadie. Evidentemente no es una sensación que puedas vivir únicamente allí, ni creo que tenga que ver con la ciudad en sí. Creo que lo que siento tiene más que ver con cómo me sentía yo cuando estuve en la ciudad.
Vanesa

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Con motivo de mi participación en el programa de emprendimiento social Invisible Beauty Makers, de Ashoka y Fundación Puig, cada ciertos meses nos dan formaciones y mentorías, pero también hacemos actividades bastante apañás. En este caso, os voy a hablar de un taller de fotografía que pudimos hacer con Samuel Aranda (New York Times).

Samuel nos habló primero de su trabajo como fotógrafo y de su experiencia en fotografía en zonas de conflicto. También nos habló de sus valores y de cómo finalmente, y tras ver que a veces no se publicaba la historia verdadera que había tras cada foto (al menos, la historia que él había vivido) decidió empezar a plantar sus límites y trabajar como él quería. 

Así, Samuel cuenta historias a través de la fotografía y nos enseña que, aunque la técnica es importante, también juega un papel vital ese momento, espontáneo, en el que hacemos click. Lo que vendría a ser el Carpe Diem de la fotografía. Así, nos habló de cómo contar historias a través de la fotografía, poniendo la vista en ese momento instantáneo que queremos capturar y no en la técnica.

Pero si lo que nos contó Samuel nos gustó, la sesión práctica del taller fue maravillosa. Nos dirigimos al barrio de La Mina (en Barcelona), en el que Samuel había trabajado leyendo los contadores de gas. Allí, nos recibieron Fernando, Ismael, Juani, Rafael y Ángel. Ellos nos contaron la historia del barrio, nos enseñaron puntos clave y, nos hablaron de la historia del pueblo gitano en España. 

Nuestro trabajo era hablar del barrio en fotografías y así lo hicimos. Cada equipo de dos personas disponía de una polaroid con 8-10 fotos para hacer. Y así fuimos trabajando en atender a esos momentos instantáneos que queríamos fotografiar. 

Para mí la fotografía siempre ha sido una forma de contar historias. Bueno, imagino que para mí y para muchos más. Buscar esa imagen cotidiana pero que transmite algo más me relajaba y conseguía hacerme sentir conectada a algo.Durante un tiempo perdí esa concepción y este taller con Samuel volvió a conectarme con todo aquello que sentía a través de la fotografía.
Vanesa

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