Sigma, Overwatch y la salud mental

Llevo aproximadamente tres años jugando a Overwatch y ya he escrito sobre él en otras ocasiones. Es un juego que me trae tranquilidad y me permite desfogar estrés y pasar buenos ratos con amigos. Incluso, gracias a mis amigos y al juego en sí, me he sentido cómoda para jugar partidas competitivas. Algo que pensé que no era para mí y que cada vez disfruto más. 

Cada cierto tiempo Blizzard nos presenta nuevos héroes para jugar. Normalmente, con su historia de fondo y con unos diseños que suelen encantarnos. Sin embargo, esta vez, tengo una espinita clavada en el corazón.

El último héroe presentado en Overwatch es Sigma. Un nuevo tanque que puede usar una barrera muy versátil y con el que conseguirás liderar un buen ataque en grupo si te lo propones. Con habilidades que nos permiten convertir el daño que recibimos en escudo, aturdir al enemigo y una habilidad definitiva que te permite incrementar tus opciones de movimiento mientras, literalmente, levantas al enemigo del suelo unos segundos y les haces colisionar contra éste de nuevo, Sigma promete ser un personaje bastante completito. Y lo es.

Mi problema no es con las habilidades de Sigma. Mi problema es peor, porque implica que no es algo que me afecte como jugadora, si no como persona. Sigma me duele. 

La historia de Sigma

Cuando escuché un poquito más sobre la historia del personaje, pensé que Blizzard tenía una oportunidad única para hablar de salud mental. Para trabajar estigmas y estereotipos en su comunidad (sí, yo tengo esperanzas). Esperé pacientemente a saber un poco más del personaje, y, claro: acabé decepcionándome. 

Sigma skin frenopaticoSigma es un astrofísico dedicado a estudiar la gravedad. Tras un error en uno de sus experimentos, acabó dentro de un agujero negro y tras la experiencia, nos encontramos con un personaje que, como mínimo, vive con un gran trauma. Con reminiscencias de aquel error. Con una melodía que le persigue desde entonces. Con una sensación extraña: esa sensación que te hace pensar que estás viviendo una ilusión, o que tal vez todo lo que hay a tu alrededor no es real. 

Cuando vi el vídeo de los orígenes, sentí que tenía algo en común con el personaje. Evidentemente poner nombres a estas cosas es complicado y no me gusta hacerlo: solo los diseñadores saben en qué se basaron para crear a Sigma. Sin embargo, como persona que ha vivido desrealizaciones, comprendí a que se refería Sigma cuando hablaba de que no sabía si todo había sido real o una ilusión. La desrealización es una alteración en nuestra percepción en la que el mundo exterior parece irreal. Para que nos hagamos una idea, cuando me pasa, es como si sintiera que yo no puedo intervenir ni interaccionar con lo que me rodea. Para mí todo se convierte en una película que veo, pero de la que no formo parte. Todo pasa frente a mí. Es un momento verdaderamente angustioso y, cuando no consigo llegar a controlarlo, acabo con un ataque de pánico y necesitando acudir al médico. La desrealización es un síntoma que puede darse por falta de sueño, estrés, ansiedad o consumo de algunas sustancias. Es decir: es un síntoma que muchas personas viven y de lo que se habla, en mi opinión, poco.

La despersonalización, es un síntoma parecido. Pero en este caso, tiene que ver más con la percepción sobre nosotros mismos que con el mundo exterior. Sentimos que somos ajenos a lo que hacemos: a nuestro cuerpo, a lo que pensamos. Como si nos viésemos a nosotros mismos desde fuera. También es una alteración de la percepción y, como la desrealización, podemos encontrar estas sensaciones en salud mental. Sin embargo, seguimos sin hablar mucho de ello. ¿Por qué? Porque a ver cómo explico yo la movida si lo primero que va a pensar la persona a la que se lo cuente. Sabes que es posible que después de contarlo, tu relación con esa persona cambie. Y no queremos eso.

Por ello, cuando escuché a Sigma pensé que, por fin, podríamos hablar de este tema. Pero resulta, una vez más, que estamos locos. Así. Sin más.

¿Qué es lo que falla?

Lo que falla es precisamente lo que vemos en el juego sobre el personaje. La skin llamada «frenopático», en la que vemos a Sigma con la boca tapada y las agarraderas que le mantenían atado a su cama aún en su cuerpo, me duele. Me duele físicamente. En nuestro país, a día de hoy, se siguen usando medidas como la contención mecánica en unidades de salud mental y psicogeriatría. Podéis ver aquí en qué consiste y en qué casos se usa y aquí un reportaje de la Confederación de Salud Mental España sobre el tema. Son unas medidas bastante dolorosas para pacientes, familiares y profesionales y aún se necesitan más recursos y más formación en alternativas y que el uso de la sujeción mecánica se vuelva mínimo. Por eso mismo me duele ver que volvemos al estigma. Volvemos a esa imagen de locura. Volvemos a creer que las «ilusiones» de las que habla Sigma son, eso. Un síntoma más de un loco. Volvemos a creer que las unidades de ingreso de salud mental con lugares oscuros, tétricos. Y eso fomenta más estigma hacia las unidades y hacia las personas que están ingresadas o han pasado por un ingreso. 

Algo que llamó la atención sobre Sigma en su momento fue que iba descalzo. ¿Por qué va descalzo? ¿qué ha pasado? La explicación, de nuevo, duele. En ArtStation, Qiu Fang, habló sobre el por qué: «We decided to keep the feet bare to sell the ‘asylum‘ look a bit more; in many institutionspatients are not allowed to have shoes because they might cause harm with the laces». No he encontrado el comentario en ArtStation, así que supongo que fue eliminado; sin embargo, bastantes medios se hicieron eco del mismo. Por más daño que pudieras hacerte con los cordones, tanto en unidades de salud mental, cárceles como en centros de menores en Estados Unidos (por poner un ejemplo) se usan zapatillas de velcro o sin cierres. Me parece absurdo dar más vueltas a este asunto. No me malinterpretéis. Me gustó verlo sin zapatos. De verdad. Me pareció un detalle diferente y de verdad, creo que iba con el personaje. Que mostraba cierta vulnerabilidad. Pero entonces encuentro esa explicación y de nuevo, me decepciono. 

Las luces en la sombra: la noche estrellada.

Quiero acabar el post contando algo que sí que me ha calentado el corazoncito. Sigma tiene un grafiti en especial que me ha hecho reconciliarme un poco con el personaje. 

Sigma Van Gogh

La referencia a Vincent Van Gogh es obvia. No hay que darle muchas vueltas. La noche estrellada se ha convertido en uno de mis cuadros favoritos y, más que por el cuadro en sí, ha sido por el momento en el que Van Gogh lo creó.

En el momento en el que realizó la obra, Van Gogh estaba ingresado en una institución de salud mental. Cuando vi la obra en el Museo de Arte Moderno en Nueva York, me quedé boquiabierta ante ella mientras leía la historia. En el momento en el que Van Gogh creó la noche estrellada estaba pasando por un momento complicado y lleno de baches. En 1889 estaba ingresado, debido, según parece, a su salud física y mental. Vincent cada vez era más frágil y actuaba de forma errática, por lo que, después de estar varios meses en un hospital decidió ingresar voluntariamente. Mientras se encontraba ingresado, seguía trabajando en crear su propio estilo. 

Es una de sus cartas Van Gogh hablaba de sus cuadros sobre noches estrelladas: «and perhaps one of these nights I shall be in the same ploughed field if the sky is sparkling». Con sus noches llenas de estrellas Vincent se calmaba. Los cielos que veía mientras estaba ingresado y recuperándose, le traían sensación de plenitud.

Espero que Sigma pueda tener esa misma sensación de calma y plenitud mientras es capaz de controlar la gravedad y escuchar, de nuevo, la melodía que le persigue.

God of War: El arte del videojuego.

God of War (José Cabrera)

Hace un tiempo pude leer el libro del arte de la última entrega de God of War. Hice un hilo en twitter con lo que más me llamó la atención. Sinceramente, me apetecía tener un post del estilo aquí, así que en esta entrada podréis leer también sobre el tema, aunque añadiré algunas cositas, seguramente. 

God of War se ha convertido en uno de mis juegos favoritos (aunque aún no le ha robado el puesto a Horizon Zero Dawn). En cuanto tuve el juego en mis manos pude escribir sobre él en Todas Gamers. Su estética, el trabajo de fondo con la mitología nórdica, la relación de Kratos con su hijo… todo me fue atrapando poco a poco y es un juego que realmente disfruté hasta el final. Sin embargo, leer después el libro sobre el arte detrás del videojuego, hizo que lo volviese a disfrutar. Cada vez que leo un libro del estilo me encanta volver a consumir el contenido original. Lo vivo todo de forma diferente y estoy mucho más atenta a los detalles. Con God of War pasó exactamente lo mismo. 

Para relanzar God of War con una mitología diferente de fondo tuvieron que reconceptualizar a Kratos, que aunque ya tenía su propia historia, necesitaba un buen rediseño. José Cabrera y Dela Longfish comenzaron con la primera exploración de esta reinterpretación de Kratos. Evidentemente los años pasan para God Of War y necesitábamos un Kratos mucho más definido. Así, nuestro protagonista sigue siendo una masa musculosa enorme, sí, pero ahora es más mayor, más sabio y, además, más nórdico (bueno, a ver, ya me entendéis).  

Si hablamos sobre el contexto en el que Kratos va a moverse durante el juego, es evidente que el equipo hizo un trabajo impresionante. Las referencias están basadas en la cultura nórdica, pero también en ruinas celtas. Para trabajar en ello se crearon una serie de imágenes que inspiraran a todo el equipo creativo y a partir de las que poder trabajar. Se definía, además, qué aspecto podía tener cada reino tomando como referencia lo que sabemos de la mitología nórdica sobre ellos. Así, se escogió la paleta de colores adecuada para cada mundo al que el jugador puede acceder, así como la morfología de las bestias que encontraríamos por nuestro viaje. 

El templo de Álfheim, por ejemplo, es un homenaje al concepto de «renacer». En este mundo encontramos a los elfos de la luz y, de hecho, nuestra misión aquí será hacer que la luz vuelva a pasar por el templo. Tanto los elfos de la luz como los elfos oscuros (contra los que lucharemos en el juego) están inspirados en polillas. A este reino llegamos a través de un lago lleno de almas. Cuando permitimos durante nuestro avance que la luz pase por el templo y salga de él, en realidad, estamos haciendo el camino que siguen las almas (y facilitando que ellas puedan volver a seguirlo, claro).

Otro de mis lugares favoritos en el juego es la casa de la bruja. Todo a su alrededor es primavera pura. Como si todo cobrase vida cuanto más nos acercamos a su hogar. De hecho, su hogar, es una tortuga enorme hacia la que tenemos algo de recelo al principio (hasta que Atreus nos dice que nos relajemos un poco, que la tortuga es un cacho de pan). Pero antes de llegar a la casa de la bruja vivimos un momento que nos pondrá de los nervios. Atreus se pierde persiguiendo a nuestra presa de caza. Nosotros le buscamos entre la niebla. La música de fondo no nos indica nada bueno. Vemos a Kratos ansioso por encontrar a su hijo y nosotros también vivimos así ese momento. Atreus aún no sabe cómo es el mundo. Kratos sí. Kratos sabe que es cruel. Nosotros sabemos que la música de fondo y la niebla es indicación de que viene algo malo. Así que estamos también alerta. Porque sabemos que puede pasarle algo al hijo de nuestro protagonista. 

Helheim fue, desde luego, el lugar que más tensión me causó durante la historia principal. Desde luego ya sabemos que el reino de Hela no es lo más apetecible para pasar una tarde de domingo: mientras paseamos para conseguir todo lo que necesitamos, vemos como los muertos preparan su batalla en Ragnarok. Allí, además, encontramos a Hræsvelgr. Que nos observa, pero no actúa. Se sienta en el fin del mundo, es un gigante que provoca el viento. La primera vez que entré al reino miraba siempre al gigante pensando que en cualquier momento vendría y la verdad es que eso me mantuvo en tensión toda esa primera visita.

 

El arte de God of War

En este mismo reino, como curiosidad, tenemos a las pesadillas. Unas amigas que van a intentar acabar con nosotros y que pondrán a prueba el trabajo de Atreus con el arco (y nuestra puntería lanzando el hacha, claro). Su diseño está basado en el ojo que Odín sacrificó para tener más sabiduría. También están basadas en las Mare (mitología eslava y germánica) que eran las responsables de traer los malos sueños a nuestros momentos de descanso.

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Diseño de Stephen Oakley

Las puertas de acceso a cada reino están personalizadas. Y aunque no podemos entrar a todos ellos, cada puerta nos muestra algo de lo que podemos ver dentro. 

La forma en la que nos cuentan la mitología nórdica me parece acertadísima también. Por un lado, tenemos pequeños detalles de historia que Faye ha contado a Atreus. Por otro, tenemos las historias de Mimir. Finalmente, otros personajes del juego también nos van dando detalles de la mitología: Freya, Baldur… pero también aprendemos a través de los tableros que encontramos en nuestro camino.

Centrándonos ya en los personajes principales tenemos a Mimir. Un acompañante que, durante todo nuestro viaje, nos hará comentarios y contará grandes historias. También algún que otro cotilleo de vital importancia, claro. 

Para diseñar a Mimir trabajaron en que lo que vemos de él (su cabeza) contara, por sí misma, su historia. A simple vista entendemos que ha sido torturado. Todos sus diálogos en el juego son oro y nuestras emociones cambian en cuanto aparece en él. Para mí, God of War sin Mimir perdería bastante de su esencia. 

Con respecto a Brok y Sindri, lo que más me llamó la atención era cómo sus armaduras reflejaban su personalidad. La de Sindri bastante más detallada, la de Brok algo más bruta, con acabados no tan finos. 

Diseño de Raf Grassetti
Diseño de Raf Grassetti

Atreus, el hijo de Kratos, es un niño curioso, impulsivo y atrevido. Ha perdido a la persona que más quiere y, bueno, Kratos no es precisamente un ejemplo de padrazo. Para su diseño, tuvieron en cuenta la curiosidad de Atreus por descubrir el mundo. No querían un niño parecido a Kratos. Querían mantener esa visión más pura frente al mundo, lo que precisamente hace que la relación de Kratos y Atreus sea más especial. En la vestimenta de Atreus vemos, además, elementos que recuerdan a su padre y su madre. La cinta roja en la cintura, con elementos que nos recuerdan a la cultura griega, es la misma que Kratos llevaba en juegos anteriores. Mientras que la bufanda amarilla, está claramente dedicada a Faye. Atreus es travieso e impulsivo a veces, prueba de ello son las cicatrices que vemos en su cara. Mientras Kratos fue diseñado pensando en un oso, con Atreus, los diseñadores pensaron en el lobo.

Diseño de Igor Catto
Diseño de Igor Catto

Soy consciente de la cantidad de cosas que dejo atrás en el artículo. No dudo en que haré más entradas hablando de God of War. Sin embargo, no me gustaría terminar este primer artículo sin hablar de Faye. Mi sensación, durante todo el videojuego, es que Faye era una protagonista más, sin embargo, no pude disfrutar de ella. Cosa que personalmente me duele bastante. Otra mujer muerta para justificar el viaje del héroe. 

Faye nos acompaña durante todo el juego, primero, con sus señales. Después con las historias que Atreus nos cuenta. El amarillo la identifica y ese tono de amarillo podemos encontrarlo conforme avanzamos en nuestra aventura. Nosotros no lo sabemos, pero en realidad, durante el juego, estamos comprendiendo quién era Faye y quién es Atreus. Kratos, para nosotros, es solo una herramienta para comprender algo más. 

La primera vez que vemos a Faye es envuelta en una tela amarilla con flores que el equipo escogió de la flora escandinava. También trataron de usar pasadores, broches y runas usadas en rituales funerarios de la cultura nórdica, aunque finalmente optaron por un diseño más simple. 

Pero en el momento en el que más comprendemos que todo nuestro viaje era para conocer más a Faye, es al final del juego. Durante el mismo ya sabemos que Faye ha viajado. Sabemos que el hacha que lleva Kratos fue fabricada para ella. Sindri y Brok la recuerdan y la veneran. Pero en el momento en el que por fin llegamos a Jötunheim descubrimos cómo todo tiene su sentido. Es ahí donde, a través de los grabados, entendemos toda la historia de Faye. Comprendemos la historia de los gigantes. Aprendemos quién era Faye y quién es Atreus. Sabemos cuál es el papel de Kratos en toda esta historia. Todo empieza a encajar. 

En cuando vemos el paisaje donde debemos esparcir las cenizas de Faye, comprendemos por qué era ese nuestro objetivo. El equipo utilizó el color amarillo que tanto calorcito nos transmite para, de nuevo, transportarnos hacia el recuerdo de Faye. El paisaje que vemos al final del juego es impresionante. Comprendemos cómo los ancestros de Faye (y también de Atreus) sufrieron. Y con este paisaje, esparcimos sus cenizas y damos fin a nuestra aventura (aunque si vamos a dormir a casa tras terminar, nos encontraremos un pequeño teaser de lo que está por venir).

Arte de Mark Castanon
Arte de Mark Castanon

LA ANSIEDAD Y YO: TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADA

Vanesa oj - mi ansiedad y yo

La ansiedad me ha ayudado, sin duda alguna, a sobrevivir. A mí y a todo el mundo. Necesito la ansiedad porque necesito prepararme para huir cuando hay peligro. Necesito estar alerta. Necesito preocuparme ante situaciones que pueden suponer daño para mí o los demás. 

Sin embargo, hace tiempo que mis situaciones de peligro se convirtieron en algo cotidiano. Se quedaron a vivir en mi cabeza y ahora, hasta las cosas más mundanas me despiertan esa preocupación. Esa activación. Ese miedo. Esas ganas de salir corriendo. No sé si alguien más sentirá lo mismo. Desde que trabajo en salud mental entiendo que cada persona es un mundo y vive los síntomas de forma diferente, pero yo hoy vengo a hablaros de los míos. Y si podemos sentirnos comprendidos y acompañados entre todos, mejor que mejor. 

You see, my sweet innocent children, Mommy has a mental illness that plagues her daily. It’s called generalized anxiety disorder, or GAD. It causes me to worry about nothing, to feel everything and to lose control of my emotions regularly. I feel my anxiety build up inside me like storm clouds forming in the sky. My outbursts of rage are the thunder and lightning releasing from the storm that rumbles inside me. You fear monsters in the closet or under your bed; Mommy fears the monsters in her mind.

Kristen K, en The Mighty

No recuerdo la primera vez que tuve un ataque de pánico. Tampoco recuerdo cuándo sentí por primera vez que mi ansiedad se desbordaba o que me estaba preocupando por situaciones que nunca llegarían a suceder. Si me preguntáis qué es lo que más recuerdo durante mi infancia y adolescencia al hablar de ansiedad es el dolor en el pecho. Casi puedo sentirlo solo con escribir esto. 

Nadie me tuvo que explicar qué era la ansiedad, porque mi madre vivía con ansiedad y depresión y yo ya sabía de qué iba el asunto. Para mí era mi forma de ser, así que nunca pensé que quizá podría necesitar ayuda, a pesar de que mi madre mi insistiese durante toda mi adolescencia. Pero fue justo en el último año de instituto en el que pedí esa ayuda que necesitaba, aunque en aquel momento, no recuerdo por qué, no le conté al psicólogo todo lo que él necesitaba saber, así que quedó en algo anecdótico.

Recuerdo que, durante mi adolescencia y la universidad, necesitaba quedarme en casa. Cuando vivía en el pueblo tenía que engañar a mis amigas. Les decía que tenía que hacer algunos recados o ayudar a mi madre. Pero en realidad me quedaba en casa. Necesitaba descansar. Estar sola. Y no sabia expresar eso de forma asertiva. En la universidad, al irme a vivir a una ciudad, ya no necesitaba poner excusas, pero sí que recibía comentarios sobre mi necesidad de estar sola o encerrarme un rato en mi habitación. Al final decidí irme a vivir sola, primero en una residencia y luego en un apartamento. Era como si estar con gente me drenase y necesitara «repostar» sola. 

También recuerdo que siempre acababa explotando. Controlar cualquier emoción me costaba mucho, sobre todo las relacionadas con esos pensamientos que rumiaba. Me costaba dejar de pensar en todo lo que podía ir mal y eso hacía que terminase explotando ante cualquier situación imprevista. Un mero cambio de planes, una actividad que nunca haya hecho, una conversación telefónica, quedar con amigas… todo acababa generando cierta ansiedad que terminaba sin saber controlar. 

 

Al salir de la universidad, más de lo mismo. Poco a poco iba aprendiendo, pero la realidad era que me costaba horrores hacerlo y la mayoría de veces tendía a no enfrentarme a situaciones que pudieran generarme ansiedad. Eso implicaba evitar cosas demasiado cotidianas, así que al final, la solución que a priori parecía para mí más lógica, suponía aislarme o no hacer actividades que realmente necesitaba hacer. 

Hablar de mi salud mental en compartimentos es para mí complicado. Durante la mayor parte de mi vida he tenido depresión y eso es algo de lo que hablaremos en otro artículo, pero vivir con ansiedad y depresión es una montaña rusa. Puedes sentir tantas cosas contradictorias en una tarde que acabas cansada, como si hubieses corrido una maratón: la depresión te pide acostarte un rato pero la ansiedad te dice que no vales nada si no trabajas. Cuando estás trabajando sientes un vacío interno que te asusta y decides descansar, pero de nuevo comienza la ansiedad a presionarte. Sabes que necesitar salir pero tu ansiedad dice que hoy no puede soportar estar con gente, ver gente o dar un paso fuera. Hay una lucha interna en cada decisión que tomas y, cuando consigues resolver la situación ya es tarde. Estás cansada. 

La segunda vez que fui a un psicólogo fue en el último año de carrera. Fui por mi primera depresión severa y tuve que mudarme antes de que la terapia funcionara, así que no trabajamos en mi ansiedad. Eso sí: me ayudó a salir un poco más y tener una rutina. 

Mi vida fue así, año tras año. Dando tumbos para ver qué me sentaba peor y mejor, sin poner nombre a lo que me pasaba pero sabiendo que pasaba algo. Viví en diferentes ciudades. Hacía nuevos amigos. Tenía nuevas aspiraciones. Pero no cambiaba nada. Mi montaña rusa seguía hacia delante y con cada subida y bajada acababa aprendiendo algo, pero también sufriendo demasiado. 

Hace unos cuatro años, me mudé a Barcelona y aquí conocí a mi psicóloga. Porque aunque ya no la veo (y eso es bueno) sigue siendo mía. Tuvimos feedback desde el primer momento. Las sesiones con ella tenían un equilibrio perfecto: me sentía comprendida, pero también me incomodaba con cosas con las que necesitaba incomodarme. Sí, tener feeling con tu psicóloga es necesario, pero la terapia no es un camino de rosas. No nos dicen lo que queremos escuchar. Pero nos acompañan en un camino y, sin duda, aprendemos a mirar la vida con menos incertidumbre. No por la compañía en sí, si no por lo que una acaba aprendiendo. Sin darte cuenta acabas conociéndote y siendo cada vez un poquito más autónoma. 

Trabajamos juntas pero nunca pusimos nombre a lo que pasaba (salvo a mi depresión). Avancé muchísimo, aprendí muchísimo y me conocí muchísimo. Me dio el alta y al tiempo volví a recaer, pero la recaída fue mucho más leve. Como si hubiera subido por una escalera y ahora, en lugar de caer desde el escalón 3 al descansillo, caía del 7 al 5. Por lo que realmente aún podía sostenerme y volver a subir poco a poco. Recuerdo que en esa recaída, deseaba luchar y poner nombre a muchas cosas. Cosas que daban miedo pronunciar pero que realmente necesitaba verbalizar. Luego, al Trastorno de Ansiedad Generalizada. Llevaba tiempo leyendo, a través de webs como The Mighty, a personas con TAG. Me sentía muy identificada con ellas. Era como si de pronto, al leer a otra persona, te sintieras tan identificada que duele. Así que un día, me senté delante de mi psicóloga, y le dije que necesitaba poner nombre a esto. No para definirme, si no para aprender sobre ello. Para conocerme un poco más. 

Y mencionamos a la vez esas palabras. Para mí, realmente, no fue significativo. Cuando vas a terapia a veces ya sabes cosas. Ya sabes ciertas respuestas. Pero aún así esperas a que tu psicóloga las diga. Y quitarse esa necesidad de validación de encima cuesta, pero se consigue.

La verdad, chiquis, es que sin haber pasado por todo lo que he pasado en mi vida, ahora no podría estar escribiendo esto. Y mirad, ojalá nada de esto hubiera pasado. Pero resulta que no soy la única a la que le pasa. Resulta que las vidas de ensueño no existen. Resulta que todos tenemos o vamos a tener en algún momento la salud mental tocada, con o sin diagnósticos. De forma leve, moderada, o grave. De forma temporal o permanente. 

Mi vida no ha sido perfecta, pero ha sido mía. Y estoy contenta porque ahora puedo contar esta parte de ella y, si es posible, que alguien se sienta identificada conmigo. Que sepamos que no estamos solas. 

EMPEZAMOS

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Cada vez que hago algo me apetece contarlo. Quizá sea algo malo, no lo sé, pero me apetece enseñar lo que hago o aprendo. Para mí, hacerlo, supone también parte del aprendizaje. A lo largo de mi vida he tenido diferentes blogs y webs. También he colaborado en algunas otras. Sin embargo, al final, tenía que dividir mi tiempo entre hablar de temas distintos en sitios distintos y sentía que necesitaba mi rinconcito. Un espacio para escribir de lo que me apetezca. Así decidí, hace ya bastante tiempo, crear este rinconcito. Aunque la falta de tiempo hizo que esa idea no se haya podido materializar hasta hoy.

Hoy por fin publicamos este proyectito. Hoy podéis ver el trabajazo de diseño que ha hecho Helena Acero (gracias, gracias, gracias). Helena ha pensado en los valores que transmito y ha creado, a partir de ellos, la imagen de la web. Una imagen que me encanta. Cada detalle tiene su sentido y significado. Cada color, cada parte del logo… todo tiene que ver conmigo, con mi vida, con lo que he pasado. No se me ocurre forma más ideal de dar forma a mi rinconcito.

De este rinconcito no espero nada. Solo es un diario. Un sitio donde escribir. No espero ni medir visitas, ni darle un uso más allá del mero hecho de escribir lo que aprendo y, si os apetece, tener un espacio donde podáis leerme. Para mí, lanzar esta web forma parte de un proceso en el que trabajo día a día. Es, por así decirlo, el culmen de algo que llevo viviendo un tiempo y que necesito curar. Y aquí me encuentro hoy, cerquita de ese momento. 

Como habréis visto, tenemos una zona de entradas y un diario. El diario es para hablaros, básicamente, de experiencias que tengo o cosas que hago, y las entradas forman parte ya de algo más profesional o de lo que considero que puedo hablar de forma algo más extensa y currada.

¿Estáis preparados? 

Yo no estoy muy segura, pero…

Empezamos 🙂

Stay afraid, but do it anyway. What’s important is the action. You don’t have to wait to be confident. Just do it and eventually the confidence will follow.
Carrie Fisher